lunes 6 abril, 2026

Historia y salud: La sala barrial que nació en 1942 y sigue en pie por la comunidad

En la esquina de Avenida Luis Puig y Santo Tomás, en Turdera, hay un lugar que late al ritmo de la solidaridad vecinal. Se trata de la Sala General Don José de San Martín, una institución privada sin fines de lucro que abrió sus puertas en 1942 y que, más de ocho décadas después, sigue funcionando gracias al compromiso de quienes viven en la zona. Lo que comenzó como el primer centro de atención médica del barrio se convirtió en un símbolo de esfuerzo colectivo, donde la contención y la accesibilidad son parte del día a día.

A diferencia de otros centros de salud, esta salita nunca dependió del Estado ni de grandes inversiones externas. Su motor siempre fueron los propios vecinos, que desde su fundación entendieron la importancia de sostener un servicio social cercano. Actualmente, cualquier persona puede atenderse allí, sea socia o no, y los aranceles se mantienen accesibles porque todo lo recaudado se reinvierte en mejorar la atención. Quienes la administran aseguran que los valores fundacionales siguen intactos: prevenir, educar y acompañar al paciente con calidez y profesionalismo.

El abanico de prestaciones creció con el tiempo. Además de controles básicos de enfermería —como presión, glucosa, oxígeno y temperatura—, los socios acceden a bonificaciones en consultas con especialistas y estudios como mamografías, ecografías y placas radiológicas. Y aunque el corazón de la sala sigue siendo Turdera, en los últimos años comenzaron a llegar vecinos de localidades cercanas como Adrogué, Temperley, Longchamps, Burzaco y Monte Grande. De esta forma, la salita extendió su radio de influencia sin perder su esencia de lugar accesible y contenedor para todas las edades.

Hoy, la comisión está presidida por María Magdalena Abalos, reelegida a fines del año pasado, y mantiene viva una red de socios y colaboradores que permiten que la sala no cierre. Para conocer los servicios y horarios actualizados, los vecinos pueden seguir en Instagram . La salita sigue allí, silenciosa pero firme, como un legado de aquellos hombres y mujeres que hace más de 80 años entendieron que la salud también se construye entre todos. Quienes valoran su existencia saben que cuidarla, asociarse y concurrir es la mejor forma de honrar esa historia.

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