miércoles 4 febrero, 2026

El sueño de un constructor italiano: la curiosa historia del origen de Turdera

El 30 de enero marca un nuevo aniversario de Turdera, que celebra hoy sus 116 años de historia. Esta comunidad del sur del Gran Buenos Aires tiene un origen particular: nació del encuentro entre la visión de un joven inmigrante italiano y la generosidad de dos hermanas propietarias de tierras.

A comienzos del siglo XX, María Eugenia e Inés Turdera, de origen catalán, acababan de heredar más de 160 hectáreas en una zona conocida por entonces como Loma de las Hormigas. Sin tener claro qué destino darle a esos terrenos, su camino se cruzó con el de Riziero Preti, un artesano, albañil y constructor que había llegado a la Argentina en 1899 en busca de oportunidades.

En una charla casual, Preti les propuso transformar esas tierras en un pueblo con identidad propia, pensado para generar actividad urbana y social. Las hermanas aceptaron, dando inicio a un proceso de loteo y urbanización que, en menos de una década, convertiría esas hectáreas en un poblado con plaza, parroquia, colegio, teatro, comisaría y hasta servicio de tranvías.

En 1909, la estación de tren adoptó oficialmente el nombre “Turdera”, denominación que pronto sería la misma de la localidad. Un año después, el 30 de enero de 1910, se colocó la piedra fundamental de la Iglesia de la Conversión de San Pablo, que desde entonces quedó establecida como la fecha fundacional de la comunidad.

Aunque el lugar lleva el apellido de las hermanas que aportaron las tierras, fue Preti quien lideró la planificación y construcción del nuevo pueblo. Su proyecto estaba guiado por una visión social: ofreció lotes bien organizados, servicios y una estructura urbana pensada para el bien común. Por eso, más allá de su nombre, Turdera debe gran parte de su crecimiento al impulso de este constructor italiano.

Hoy Turdera no solo es un barrio histórico, también es conocido por su fuerte tradición educativa —con una notable cantidad de escuelas para su tamaño poblacional— y por ser uno de los espacios más arbolados del conurbano.

En sus 116 años, la localidad continúa celebrando su identidad con actividades culturales, recorridos históricos y propuestas comunitarias que invitan a vecinos y visitantes a redescubrir sus raíces y su evolución desde aquel sueño fundacional.

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